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Tenemos lo que nos merecemos


A excepción de los informativos y algún programa muy puntual, hace meses dejé de ver los canales de televisión habituales por dos motivos. El primero es la insoportable cantidad de anuncios que nos endosan y el segundo es la programación tan cutre que ofrecen. Siempre he procurado no engancharme a más de una o dos series a la vez, así que tampoco sigo las historias de los hospitales, ni de las comisarías, ni de autopsias o de asesinatos. Reconozco que posiblemente alguna sea interesante, pero no me llaman la atención.
Hace más de un año que contratamos televisión por cable, y aunque es penoso que entre docenas de canales de pago haya momentos en los que tampoco se ofrezca nada que merezca la pena, la verdad es que generalmente te saca del paso cuando te apetece sentarte a ver algo entretenido.
Da gusto que los programas empiecen a la hora en que se anuncian y que la publicidad esté reducida a la mínima expresión.
La primera vez que tuve “televisión a la carta” fue hace 9 años, cuando viví en el Reino Unido. La verdad es que allí no la echaba en falta, porque la programación nacional tiene más calidad que la nuestra. Esto se debe en gran parte a la licencia obligatoria que hay que pagar por cada aparato de televisión que se tenga en casa. Por supuesto siempre hay espectadores que se quejan de los programas que se emiten (es evidente que no conocen el percal que tenemos en España) porque todo es susceptible de mejora.
No entiendo por qué los españoles somos tan conformistas en temas como éste. Las personas con las que hablo del tema se quejan de la mala calidad de lo que se emite (programas de cotilleos, series infumables) pero los índices de audiencia están ahí, contribuyendo a que toda esa basura continúe en antena. He llegado a pensar que debe haber mucha gente que en cuanto llega a casa enciende la televisión aunque no esté prestando atención a lo que echen, porque me cuesta creer que ciertos programas tengan seguidores.
Un ejemplo del declive de nuestra televisión es el de la programación infantil. Los niños llegan a casa a media tarde y no tienen las opciones que tuvimos nosotros hace 15 ó 20 años. Ahora tienen que tragar programas “rosas”, series americanas malísimas o talk shows patéticos tipo “El Diario de Patricia”. No me extraña que haya tantos críos enganchados a las consolas.
Pero en fin, el que no llora no mama, y como en muchas otras cosas, tenemos lo que nos merecemos.

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