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Mira el pajarito!


(Esto queda un poco raro después de un post sobre comuniones, pero es que es lo que hay).

Tener perro en una ciudad hace que descubras nuevas dimensiones sociales: entablas una relativa amistad con algunos dueños de perros, también generas odios con otros (por aquello de que los respectivos chuchos no se pueden ver ni en pintura) y además te anima a buscar nuevas rutas por las que llevar a tu mascota para que ni tú ni él os hartéis de ir siempre por los mismos sitios. Bueno, pues en mi caso hay un elemento del paisaje que por mucho cambio de ruta, ambiente o incluso horario que haga, siempre termino encontrándome: el exhibicionista. Señores, ¡tengo un imán para los exhibicionistas!
Al principio me ponía nerviosa toparme con alguno. Con el paso del tiempo pasé a la indignación, y ahora ya casi hasta me hacen (o me hacían) gracia.
A algunos que pululan por el parque que hay frente a mi casa ya los tengo fichados de tantas veces como he coincidido con ellos. Veamos: tenemos al veinteañero de pelo negro que se apoya en el murete del río mientras se inspira viendo pasar a las féminas que caminan cerca de la orilla, al sesentón que lleva gabardina todo el año y opera los domingos cerca de la multitud que va al mercadillo, y también estaba el octogenario que iba con bastón en una mano, bolsa con un periódico en la otra y que cuando pasaba cualquier mujer por su lado se paraba, miraba a ver si había moros en la costa (o sea, algún hombre que le pudiese llamar al orden), agarraba las dos cosas con una mano y se ponía a darle al asunto con la que le quedase libre. Este ultimo se murió hace unos meses. Me dió una pena... :-P
Por supuesto también tenemos a los espontáneos de turno, toda una gama de pirados ocasionales que se medio-esconden detrás de árboles y arbustos para que les veas pero que a la vez parezca que no te enteras de la fiesta.
Hoy ha sido mi último encontronazo con uno de estos engendros. Caminaba yo con el perro por un lugar campestre que no suelo frecuentar, cuando se paró un coche a unos 50 metros en la dirección hacia la que me dirigía; el conductor abrió la puerta frente a mí y cuando - inocente de mí - ya me disponía a orientarle con alguna dirección que creí que me iba a preguntar, veo que el sujeto (por cierto, esperpéntico) está en pelotas de cintura para abajo y comienza a tocar la zambomba a toda velocidad. Ay la mar! Intentando sobreponerme al shock, saco del bolso mi móvil y le apunto como si estuviese sacándole una foto (que al tío le debió molar porque continuó a lo suyo) y después pretendí hacer una llamada mientras corría hacia su coche para ver la matrícula. Y ahí sí que cerró la puerta y se largó a toda velocidad. Todo esto sucedió en unos 5 segundos, y le salvó que venía yo con la vista un poco pixelada tras 2 horas de clase de Photoshop, que si no, hubiese distinguido la matrícula. Claro, que pensándolo bien, así también me salvé yo de verle el colgajo con nitidez.
Después de este episodio me quedé con una mezcla de cabreo, rabia y shock. El shock por lo inesperado, la rabia por no haber sido más rápida y haber sacado mi cámara de fotos que llevaba casualmente, y el cabreo porque sentí mi tranquilo paseo invadido, y encima sólo por el hecho de ser mujer (dudo mucho que esta gente se atreva a exhibirse delante de otro hombre, se arriesgarían demasiado). Se me revolvió el estómago literalmente no por la visión, que al fin y al cabo fue borrosa, sino por tener que soportar por imposición estas situaciones. Así que he decidido que la próxima vez que me vea en una de éstas, ni gracia ni nada: voy a llamar a la poli y si se tercia le saco una foto al tío disimuladamente para constatar los hechos. Y... y luego la cuelgo en internet!!! Hala, que ya me he cabreado otra vez.

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2 mensajitos al respecto:

Otratazadecafe dijo...

Vaya colección de piezas... igual al ver que le hacías la foto se ha creído que te había gustado y querías un recuerdo de su "colgajo", jeje.

Dí que sí, la próxima vez llama a la poli disimuladamente y espera en una esquinita a ver qué cara se le queda al exibicionista de turno :)

la eterna buscadora dijo...

jajajajaja me parto contigo, mujercilla! quién te viera...!