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A puntito

Me quedan algo menos de dos días para irme una semana de vacaciones. Jo!, vacaciones... ya casi no me acuerdo de cómo son ni qué se siente, porque las últimas que tuve fueron de 8 días en Septiembre del año pasado. Si es que una es... iba a decir "muy sacrificada" pero creo que el calificativo más acertado es PRINGADA. Es lo que tiene trabajar en una empresa familiar, que hay que darlo todo por la patria. O sea, por la República Independiente De Tu Casa, como dicen los de Ikea.
En fin, no sé si mañana postearé algo, y tampoco sé si llevarme o no el portátil de vacaciones, porque me apetece descansar de toooodo lo que hago normalmente, y eso incluye navegar por internet.
Para quienes andan un poco despistaíllos, he puesto una mini encuesta ahí a la izquierda. Es un experimento; de vez en cuando haré alguna pregunta y será una manera más de saber qué opináis quienes me leéis asiduamente y quienes aterrizan por aquí por casualidad, así que - aunque cada uno es libre de contestar o no - me hará ilusión ver vuestras respuestas.
Por si no posteo mañana, nos leemos a la vuelta ;-)

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Cómo me gustaría...

... aprender a pasar pelis a DVDs (que hagan un programa a prueba de inútiles YA).

... que la gente fuese más sincera y dejase de decir que el dinero no le importa (cuando es el dinero uno de los grandes motores de la vida).

... no volver a encontrarme una cana hasta dentro de 10 años (la primera me traumatizó durante semanas).

... que la televisión tuviese mayor calidad.

... dejar de pensar que todo el mundo tiene el manual de instrucciones de la vida menos yo.

... toparme con un chico que merezca la pena sin ser ni gay ni casado ni similares (milagros a Lourdes, no?)

... toparme con un chico que merezca la pena sin ser ni gay ni casado ni similares... que me aguante (Sí; vale. Milagros a Lourdes.)

... poder deshacerme de las cosas y la gente que sobra en mi vida sin sentirme culpable.

... acertar una Ebromillonaria.

... que volviera el grunge.

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Dedicado


El más bueno

El más gamberro

El más listo

El más inocente

El más cariñoso

El más despegado

El más vago

El más activo

El más tragón

El más valiente

El más miedica

El más sumiso

El más gallito

El más maniático

El más tranquilo

El más nervioso

El más bonito
Mi perro es el mejor :-)

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Piticlín Piticlín


Parece mentira, cómo cambiamos con el tiempo. Cuando no existían los móviles yo era una de esas adolescentes que traía locos a mis padres porque me podía enganchar durante una hora al teléfono con alguien a quien iba a ver o había visto ese mismo día. Incluso en el momento de colgar sentía que me dejaba un montón de cosas importantísimas en el tintero.
Sin embargo, ahora le estoy cogiendo manía al móvil. Cada vez me gusta menos hablar por él, por eso me limito (en lo posible) a enviar mensajes. Muchos, eso sí, porque me parecen más prácticos; con los mensajes voy al grano y evito las pausas eternas y llegar a un momento en el que no sé qué más decir. Esto me pasa sobre todo con quienes en persona tampoco hablo demasiado o ni me inspiran ni me brindan demasiada confianza. Por ejemplo, en mi cumple recibí un montón de llamadas felicitándome, de las cuales al menos el 80% fueron hechas por compromiso o por cortesía (eso que vulgarmente se llama "quedar bien"). Y cuando las dos partes saben que están manteniendo una conversación muy poco natural, es casi inevitable que llegado un momento una de las dos "pinche". Normalmente suelo ser yo. Empiezo a soltar un montón de "bueeenos" y "pues naaaadas", a aturullarme, a hablar sin decir realmente nada, o a preguntar dos veces lo mismo. Supongo que es una falta de seguridad en mí misma para poder continuar de manera hipócrita con una conversación que preferiría no estar manteniendo, porque sé que es forzada, o porque sé que entre mi interlocutor y yo existe una falta de intereses comunes.

Lo más gracioso es que aunque lo uses poco, el pequeño trasto del demonio crea una sensación de dependencia que ríete tú de las drogas. Sales de casa, te das cuenta de que llueve a todo trapo y eres capaz de continuar sin paraguas porque te da pereza volver a por uno. Pero sales sin el móvil y si te da tiempo, vuelves por él a toda prisa, pero si no te da tiempo o te das cuenta demasiado tarde, te sientes incomunicad@, desprotegid@ y casi casi hasta desnud@. Hasta que no vuelves a verlo, eres consciente en todo momento de que has salido sin el móvil. Y se lo cuentas a todo el que se te cruza en el camino. Uf, se me ha quedado el móvil en casa.

Sin embargo me he fijado en una de las utilidades ocultas del móvil: ha servido para demostrar que esos hombres que tachan a las mujeres de parlanchinas, que hace años se reían de nosotras por pegarnos horas al teléfono, están tanto o más enganchados. Puede que se deba a que ellos no ven al móvil como un simple teléfono, sino como un juguetito más, como lo es el navegador, la Play o la Equisbox.

Lo dejo aquí, que me llaman :-)

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Arabesque No. 1

Porque me gusta.
Porque me trae recuerdos felices.
Porque me alegra el día.
Porque es Debussy.
Porque para muchos de nosotros ES el "Planeta Imaginario"
(...y yo vivo en uno).

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La recaída II

Me habían asegurado que por regla general el miedo a que una historia se repita es infundado. Que una mala experiencia pasada no tiene por qué volver a suceder, especialmente si las circunstancias difieren aunque sea mínimamente. Así que me lié la manta a la cabeza y le dí otra oportunidad. Con mis energías renovadas (o casi), con una manera de pensar un poco más positiva (o casi) y con la tranquilidad que venía experimentando últimamente como conté en mi anterior post, decidí que estaba preparada (o casi) para dejarle entrar de nuevo en mi vida, pero por una puerta lateral, y no por la puerta grande como sucedió la primera vez. Y hace unos días retomamos nuestras conversaciones llenas de bromas y desvaríos. Volvimos a comprobar que somos parecidísimos en muchas cosas. Él estaba contento y yo estaba tranquila. Hablábamos de cosas sin importancia y sin profundidad. Nos va bien a los dos, a él con su pareja de hace años y a mí con mis cosas de siempre, y yo me alegro por ambos. Me gusta el orden. Mejor dicho, prefiero conformarme sabiendo que existe ese orden, antes que volver a pasar por el terremoto emocional de hace un año, en el que él se enamoró de otra que no era su mujer, y yo acabé siendo su paño de lágrimas.
Sin embargo ha vuelto a hacerlo. Ha vuelto a confiar en mí como si yo fuese uno de sus colegas masculinos. Me habla sobre cosas que creí que podría escuchar sin que me afectase. Me habla de otras mujeres. No escatima detalles. Para él soy... pues eso, un colega íntimo.
Pero yo no quiero que nuestra historia se repita. No quiero revivir todo aquello de hace meses. Me gustaría ser capaz de reírme con él y escucharle como dos amigos, sin más complicaciones.
No sé si estoy más enfadada con él por contármelo (porque sabe lo que siento por él) o conmigo por arriesgarme y por dejarme influir así. Y, de acuerdo, ahora que sé un poco más que en aquel entonces, he sido capaz de controlar mis celos intentando razonar todo esto, preguntándome por qué querría tener en mi mundo ideal a alguien como él, un hombre bueno pero inmaduro, que excusándose en la crisis de los 40 es incapaz de guardar fidelidad a la madre de su bebé. ¿Querría para mí a una pareja así? Claro que no. Pero supongo que me resulta más fácil ver el lado positivo de su personalidad. Por eso hoy no me he librado del odioso nudo en el estómago.
Lo he dicho más veces, es muy complicado desengancharse de una droga dura y resulta casi imposible conseguirlo sin fuerza de voluntad y sin ayuda externa. Tengo fuerza de voluntad, pero quizás me falte un poco de ayuda exterior, de actividades y distracciones que me impidan darle vueltas al tema. No sé, será cuestión de ponerme las pilas cuanto antes.

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Ni frío ni calor


Antes de que llegue Finn azuzándome para que publique más posts, me voy a adelantar para contar que llevo unos días con las neuronas en huelga. Sí, las dos a la vez :-D Bueno, en huelga o de vacaciones, vaya usté a saber.

Podría achacarlo a un calor insoportable que aplatana la mente, pero por el Norte el verano todavía no ha llegado del todo (por cierto, no sé a qué espera). Podría achacarlo a uno de mis bajones, pero la verdad es que estoy bastante bien, no me puedo quejar (vale, sí podría quejarme, pero mejor me doy un respiro); vamos, que mi mayor comedura de tarro actual consiste en decidir si me debería cortar el pelo antes o después de irme a la playa. O sea, que no hay ninguna razón concreta que justifique mi poca actividad cerebral y mi falta de ganas de escribir en el blog.

Tampoco me ha sucedido nada especial recientemente que sea digno de mención, ni he visto alguna peli altamente recomendable, ni un desconocido me ha regalado flores en la calle. Nada. Verdaderamente, es una situación nueva y desconocida para mí, acostumbrada como estoy a tener algo siempre rondándome la mente, o a estar metida en alguna tragicomedia de las mías. ¿Será posible que inconscientemente me haya tomado unas vacaciones de mis problemas? ... o será que finalmente he aprendido a pasar de ellos? Hmm...

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Trapitos


Como cada año, y aunque con un poco de retraso con relación al resto de la Península (es lo que tiene vivir en el Norte) he sacado la ropa de verano-verano. O sea, la de ir por la calle con lo mínimo. Como cada año, ante la visión del montón de ropa sobre mi cama, convertida en algo parecido a un puesto de mercadillo, me vienen a la mente las cinco palabras ineludibles de cada inicio de temporada: "No tengo nada que ponerme".

Como dijo Jack el Destripador, vamos por partes:


1.- Estoy cansada y aburrida de ponerme lo mismo del año pasado y necesito un cambio.

2.- Alucino con algunas prendas que han llegado a mi armario en algún momento de enajenación mental transitoria sufrida por moi o por quienes me las han ragalado. Ahí se quedarán un año más, puestas de una o dos veces, o incluso sin estrenar.

3.- Una va teniendo una edad respetable, y la verdad es que comienzo a sentirme un poco fuera de lugar con prendas como la micro-mini de volantitos que usé hace dos veranos. Si una fuese Ana Obregón, continuaría usándola hasta más allá de la menopausia, pero en mi caso va a ser que no.

4.- En mi casa no se tira nada. Bueno, nada que pueda ser aprovechable y reutilizable. Esta actitud está bien para ciertas cosas, pero con la ropa no estoy tan segura. Cada principio de temporada acudo rauda e ilusionada hacia el armario donde se guarda la "historia textil" de mi familia, albergando la esperanza de poder encontrar algo que se haya vuelto a poner de moda, o que pueda alterar, customizar y tunear para devolverlo a la vida. Pero estos hallazgos suceden con muy poca frecuencia. Por el contrario, me suelo encontrar con pantalones de cintura sobaquera estilo Cachuli, camisas y camisetas con un corte tan pasado de moda que alterarlo costaría más que comprar otras, ropa de tallas misteriosas que no se corresponden con nadie de mi familia, y prendas monillas, pero con estampados que asustan.


O sea, que como cada principio de temporada, sólo me quedan dos opciones: conformarme con lo que tengo del año pasado o darme una vuelta por las rebajas. Ninguna de las dos opciones me hace gracia. La primera por aburrida, y la segunda, porque cuando voy de compras por "necesidad" no suelo encontrar nada más que prendas que usaré un par de veces como mucho y quedarán en el armario, esperando tiempos mejores que nunca llegarán.

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Maldiciones


Hoy, por segunda vez en un mes, el gitano que va por los comercios del centro vendiendo pañuelos de papel me ha echado una maldición por no comprarle ninguno.

Ja-ja. Sus amenazas rebotan en mi aura, producen un cortocircuito cósmico en una dimensión paralela, alertan a los hados del destino y se convierten en buenos augurios. Soy capaz de soltárselo así la próxima vez que le vea. Será como un episodio de Embrujadas, incluso le haré unos movimientos en plan "¡toma bola de fuego, demonio chungo!", saltaré sobre mi mesa y me lanzaré hacia él por el aire en plan Casa de las Dagas Voladoras. Todo ello sin despeinarme. Maldiciones a mí...

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Bon Voyage


Lo dijo Carrascal un día, cuando todavía presentaba las noticias de Antena 3: "Señores, la temporada de vacaciones ha comenzado. Los del Norte viajan al Sur, los del Sur al Norte; los del interior a las costas y los de las costas al interior. Todos escapando de sus problemas para meterse en los de los demás." :-D

Si pudiese, estaría encantada de gastar en viajes lo poco que gano. Para mí, recorrer mundo es uno de los mayores placeres que existen. Viajo muchísimo menos de lo que quisiera, y cuando lo hago suele ser a sitios en los que ya he estado, porque siempre encuentro algo nuevo en ellos, pero la verdad es que me gustaría empezar a ampliar horizontes.


Nunca he entendido a quienes pudiendo, no muestran ningún interés por conocer qué hay más allá de las cuatro paredes de su casa. Lo respeto, pero no lo comprendo. Con lo enorme que es el mundo, con la de cosas, gente, ciudades, costumbres etc diferentes e interesantes que existen en él, ¿cómo alguien puede dejar pasar toda la vida sin conocerlo?

Desde niña mi abuela materna soñó con ser piloto de avión para ver la Tierra lomo lo hacen los pájaros y conocer lugares nuevos; aunque económicamente se lo hubiese podido permitir, la mentalidad arcaica de su época y el matrimonio con mi abuelo fueron los que finalmente la dejaron en tierra. Literalmente, porque mi abuela lleva 86 años deseando subir a un avión, y ahora que mi abuelo ha perdido el uso de razón, ella se encuentra con problemas médicos que probablemente terminen de arruinar su ilusión.

Ella me aconseja que no deje que la historia se repita en mí. "Si lo que quieres es viajar, hazlo ahora", me dice. Yo le contesto que hoy viajar es mucho más sencillo que cuando ella era joven, pero aún así creo que tiene razón. Nunca se sabe en qué momento te pueden surgir inesperadamente problemas o responsabilidades que te impidan hacer la maleta.

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Aire

Aprovechando que se ha vuelto a poner de moda la canción y para alegrarnos la mañana del lunes, aquí dejo a Pedro Marín, que por lo que se ve, le daba al micro entre descanso y descanso de su trabajo como portero de hotel de cuatro estrellas :-D



... y aquí está el susodicho en la actualidad. Demos gracias a que no hay que lamentar un declive físico como suele ocurrir con tantas estrellas y estrellados del pop de antaño. (Me encanta esa chaqueta)

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