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La recaída II

Me habían asegurado que por regla general el miedo a que una historia se repita es infundado. Que una mala experiencia pasada no tiene por qué volver a suceder, especialmente si las circunstancias difieren aunque sea mínimamente. Así que me lié la manta a la cabeza y le dí otra oportunidad. Con mis energías renovadas (o casi), con una manera de pensar un poco más positiva (o casi) y con la tranquilidad que venía experimentando últimamente como conté en mi anterior post, decidí que estaba preparada (o casi) para dejarle entrar de nuevo en mi vida, pero por una puerta lateral, y no por la puerta grande como sucedió la primera vez. Y hace unos días retomamos nuestras conversaciones llenas de bromas y desvaríos. Volvimos a comprobar que somos parecidísimos en muchas cosas. Él estaba contento y yo estaba tranquila. Hablábamos de cosas sin importancia y sin profundidad. Nos va bien a los dos, a él con su pareja de hace años y a mí con mis cosas de siempre, y yo me alegro por ambos. Me gusta el orden. Mejor dicho, prefiero conformarme sabiendo que existe ese orden, antes que volver a pasar por el terremoto emocional de hace un año, en el que él se enamoró de otra que no era su mujer, y yo acabé siendo su paño de lágrimas.
Sin embargo ha vuelto a hacerlo. Ha vuelto a confiar en mí como si yo fuese uno de sus colegas masculinos. Me habla sobre cosas que creí que podría escuchar sin que me afectase. Me habla de otras mujeres. No escatima detalles. Para él soy... pues eso, un colega íntimo.
Pero yo no quiero que nuestra historia se repita. No quiero revivir todo aquello de hace meses. Me gustaría ser capaz de reírme con él y escucharle como dos amigos, sin más complicaciones.
No sé si estoy más enfadada con él por contármelo (porque sabe lo que siento por él) o conmigo por arriesgarme y por dejarme influir así. Y, de acuerdo, ahora que sé un poco más que en aquel entonces, he sido capaz de controlar mis celos intentando razonar todo esto, preguntándome por qué querría tener en mi mundo ideal a alguien como él, un hombre bueno pero inmaduro, que excusándose en la crisis de los 40 es incapaz de guardar fidelidad a la madre de su bebé. ¿Querría para mí a una pareja así? Claro que no. Pero supongo que me resulta más fácil ver el lado positivo de su personalidad. Por eso hoy no me he librado del odioso nudo en el estómago.
Lo he dicho más veces, es muy complicado desengancharse de una droga dura y resulta casi imposible conseguirlo sin fuerza de voluntad y sin ayuda externa. Tengo fuerza de voluntad, pero quizás me falte un poco de ayuda exterior, de actividades y distracciones que me impidan darle vueltas al tema. No sé, será cuestión de ponerme las pilas cuanto antes.

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2 mensajitos al respecto:

finn dijo...

CAMPAÑA "MIERDAS, LAS JUSTAS"... niña, creo que lo mejor es redecorar tu vida y echar al contenedor los muebles viejos. no sé si me pillas.

besos.

Pampanitos Verdes dijo...

Te comprendo perfectamente. Pero ya sabes que a veces el cuore tiene razones que la razón no entiende. He intentado deshacerme de él, pero entonces le echo demasiado de menos. Como no puedo con el enemigo, he decidido unirme a él. Debo aprender a superar estos celos enfrentándome a ellos, porque huyendo no lo he conseguido. Hoy por hoy estoy bien, lo llevo mucho mejor que antes. Empecé escribiendo ese post un poco alterada, pero cuando lo terminé me encontraba mejor, fue un desahogo estupendo. A veces exteriorizar lo malo en vez de guardárselo ayuda a aceptar las cosas que no nos gustan.
Y bueno, respecto a mi relación de extraña amistad con él... será cuestión de dejar que el tiempo decida cuál es el lugar de cada uno.
Gracias por preocuparte, pequeño gran Finn.