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Trapitos


Como cada año, y aunque con un poco de retraso con relación al resto de la Península (es lo que tiene vivir en el Norte) he sacado la ropa de verano-verano. O sea, la de ir por la calle con lo mínimo. Como cada año, ante la visión del montón de ropa sobre mi cama, convertida en algo parecido a un puesto de mercadillo, me vienen a la mente las cinco palabras ineludibles de cada inicio de temporada: "No tengo nada que ponerme".

Como dijo Jack el Destripador, vamos por partes:


1.- Estoy cansada y aburrida de ponerme lo mismo del año pasado y necesito un cambio.

2.- Alucino con algunas prendas que han llegado a mi armario en algún momento de enajenación mental transitoria sufrida por moi o por quienes me las han ragalado. Ahí se quedarán un año más, puestas de una o dos veces, o incluso sin estrenar.

3.- Una va teniendo una edad respetable, y la verdad es que comienzo a sentirme un poco fuera de lugar con prendas como la micro-mini de volantitos que usé hace dos veranos. Si una fuese Ana Obregón, continuaría usándola hasta más allá de la menopausia, pero en mi caso va a ser que no.

4.- En mi casa no se tira nada. Bueno, nada que pueda ser aprovechable y reutilizable. Esta actitud está bien para ciertas cosas, pero con la ropa no estoy tan segura. Cada principio de temporada acudo rauda e ilusionada hacia el armario donde se guarda la "historia textil" de mi familia, albergando la esperanza de poder encontrar algo que se haya vuelto a poner de moda, o que pueda alterar, customizar y tunear para devolverlo a la vida. Pero estos hallazgos suceden con muy poca frecuencia. Por el contrario, me suelo encontrar con pantalones de cintura sobaquera estilo Cachuli, camisas y camisetas con un corte tan pasado de moda que alterarlo costaría más que comprar otras, ropa de tallas misteriosas que no se corresponden con nadie de mi familia, y prendas monillas, pero con estampados que asustan.


O sea, que como cada principio de temporada, sólo me quedan dos opciones: conformarme con lo que tengo del año pasado o darme una vuelta por las rebajas. Ninguna de las dos opciones me hace gracia. La primera por aburrida, y la segunda, porque cuando voy de compras por "necesidad" no suelo encontrar nada más que prendas que usaré un par de veces como mucho y quedarán en el armario, esperando tiempos mejores que nunca llegarán.

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4 mensajitos al respecto:

Daenyel dijo...

Y que a nadie se le ocurra decir que esto solo le ocurre a las chicas; porque yo soy chico y también me pasa en todos los cambios de temporada.

finnegan dijo...

pues niña, vé de rebajas. te sentirás igual de frustrada e irritada, pero por lo menos estarás fresquita con el aire acondicionado de corte inglés a todo trapo.

besitosss.

Orleans dijo...

Yo siempre he optado por irme a lugares de playa para no tener que ir más allá de tejanos y camisetas.A lo tranquilito.

Paperboat dijo...

Yo siempre acabo poniéndome lo mismo todos los años, a pesar de que me siga comprando ropa. Eso explica porqué la camisa que llevo puesta en este momento tiene algo así como ocho años, nada más y nada menos (pero no está rota ni nada ¿eh? Que todavía le queda mucha guerra que dar).

Besos