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El spa

En mi último cumpleaños me regalaron un bono para un spa. Nunca había estado en uno, únicamente los había visto en la tele y en revistas, y por fin hace unos días me decidí a ir. Sólo tuve que llevar el bikini y unas chanclas (a parte de la ropa de calle, claro). "Del resto nos encargamos nosotros", me dijo al otro lado de la línea una voz de megafonía tipo Semana Fantástica en El Corte Inglés. Bien. Cuando llegué, la recepcionista buscó mi nombre en un dietario gigante. "Como es la primera vez que vienes, mi compañera (voy a llamarla Susi, que no recuerdo su auténtico nombre, pero era un diminutivo) se encargará de monitorizarte durante el circuito". Mira, como a Pedrosa - pensé. Me hicieron rellenar un cuestionario para saber detallitos sin importancia (¿estás embarazada? ¿eres diabética? ¿padeces del corazón?). Pero esto qué es, ¿me voy a meter en un jacuzzi o me estoy apuntando para un salto de caída libre?
Me entregaron una toalla, un albornoz y una bolsita cerrada que contenía un tanga de papel para la última fase del circuito, la del masaje. Así que allá que me fuí a los vestuarios. El albornoz estaba hecho como para alguien de un metro ochenta, me quedaba como si llevara una bata de cola. Entro al recinto y había una parejita de charla en el jacuzzi y un chico tomándose un té en una tumbona, que sin cortarse un pelo, me hizo un escáner visual en cuanto me quedé en bikini, vaya por Dios. Susi aparece de la nada y me dice: "primero una duchita". Y me duché obedientemente. Después me llevó al baño turco, que era una simple sauna con aroma de eucalipto flotando en el ambiente. "Es mejor que no hables, para no cargar demasiado el ambiente, de acuerdo?", me dijo Susi. Ok, pero si estoy yo sola... ¿con quién voy a hablar?. Y allí estuve un cuarto de hora. "Ahora nos vamos a la ducha de chorros fríos y calientes". "El chorro frío... ¿sale muy frío?"."Bueno, lo llamamos Fuente de Hielo". Solo de pensarlo se me erizó todo. No sé cuánto duró aquello, pero a mí se me hizo eterno. Los chorros calientes estaban bien, pero de repente salían los fríos a traición, apuntando a las zonas más sensibles. Una tiene sus límites de aguante, así que al final me acurruqué en un rincón hasta que terminó el calvario. "¿Qué taaallll?" pregunta la Susi. "Buenooo, genial. Pero tengo un nuevo nombre para esa ducha: la Tortura China". "Aaah, jajaja! qué bueno!" Quería matarla. Pero entonces se salvó por la campana, porque me envió a uno de los sitios donde más me apetecía ir: al jacuzzi. "Tienes media hora dentro del jacuzzi para relajarte, ir a los chorros masajeadores y al pediluvio" (chorretes que te masajean la planta de los pies) Después de estar 15 minutos sentada en el jacuzzi (sobre un chorretín, lo confieso), me acerqué nadando hasta los chorros masajeadores de cervicales y espalda, que eran como dos grifos de cocina gigantes escupiendo agua a toda pastilla. Salía tan fuerte que me costaba mantener el equilibrio, era como sentir una colleja permanente, así que estuve lo justo para poder decir que los he probado. El pediluvio, situado junto a los chorros, me pareció una tontería (claro, después de haber sido golpeada por un cañón de agua...). Entonces volvió a aparecer Susi: "Bueno, para el masaje, tenemos a una chica y a un chico. La chica está ahora mismo atendiendo a otra clienta, así que si no tienes inconveniente, te lo puede dar mi compañero". Aclaro que a parte de un masaje de cervicales de manos de un fisioterapeuta, esa era mi primera vez. "Hmm... bueno, supongo que no tengo inconveniente". "Muy bien, pues pasa al vestuario, ponte el tanga de papel, y el albornoz y vuelve". De aquella bolsita precintada salió un tanga tan enorme que cabíamos todos los del spa - incluyendo a los empleados - dentro de él. Me lo puse y se me escurrió al suelo. "Son tallas únicas" me dijo después la Susi. Y tan únicas... en el mundo! Vaya plan, y encima había accedido a ir con el tío. La verdad es que físicamente el hombre era bastante decentillo. Treinta y muchos, un estilo a Nacho Duato pero sin el cuerpazo. Entramos en la diminuta habitación. "Te dejo un par de minutos sola para que te acomodes en la camilla y te cubras con esta toalla". "Ok". Cuando me quité el albornoz, se me volvió a caer el tanga. Me tumbé boca arriba, me tapé con la toalla (de tamaño mediano) y al momento volvió a entrar. Yo me sentía como en el ginecólogo. "¿Es tu primera vez?". "Sí". Empezó a encender velitas aromáticas y puso una musiquilla hindú de fondo. "Bueno, pues relájate, que te explico: te voy a dar un masaje integral sensual". "Aha..." respondí clavando las uñas en la camilla. "En algunas zonas puede que te resulte algo brusco, si ves que me paso, me lo dices". "Aha...". Y se puso a ello. Cerré los ojos abandonándome a mi suerte. Empezó por las piernas. Después los pies. Pues no estaba nada mal. Después los brazos y las manos y los dedos. Huy, qué biennn... Volvió a las piernas, esta vez en los muslos. Metía la mano un poco por debajo de la toalla. Cada vez más arriba. Después se movió y me masajeó el vientre y los costados. "Date la vuelta". Como pude, me dí la vuelta debajo de la toalla. Me la bajó hasta que solamente me tapase el trasero. Y repitió los masajes, incluyendo uno en la espalda. Entonces volvió a la carga con las piernas, esta vez con bastante más brío. Metió las manos por debajo de la toalla e incluyó mi culo en la zona a masajear. Llegó un momento en el que le puso tanto empeño que me rozó varias veces el parrusín. La toalla se cayó al suelo, pero cuando la recogió no me la volvió a poner encima. Después volvió a la zona de la espalda y más le hubiese valido pedirme que total ya, me diese la vuelta, porque metió las manos y me masajeó por delante estando yo tumbada boca abajo. A mí ya me daba todo igual. Me pegó un repaso general en el que me tocó partes que no sabía que tenía. Creo que hasta mordí la camilla. Al cabo de unos minutos, fue reduciendo la intensidad hasta que terminó. "¿Qué tal?". Preguntó tapándome con la toalla. "Muy bien..." contesté con un hilillo de voz. Si en ese momento me echan Luminol en el cuerpo, no encuentran un centímetro cuadrado en el que no estuvieran sus huellas. Salí de allí como una moto. Si eso había sido un masaje sensual, no quiero ni pensar a qué llamará él un masaje erótico. Hasta me dió nosequé marcharme así, sin intercambiar los teléfonos ni nada :-)
En fin, que después me relajé (ahí sí) un ratito en una tumbona, y me fuí a casa con un grato recuerdo. Estoy deseando repetir :-D

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5 mensajitos al respecto:

PULGACROFT dijo...

Hola Pampanitos, gracias por tu visita, vuelve cuando quieras, si quieres , claro...
Respecto a tu post anterior, yo que soy una fan desde siempre (supongo que será por influencia familiar) al cine clásico no puedo perdonarte lo de Casablanca (jaja, es broma...supongo que es como todo hay gente a la que le gusta el cine clásico y otra a la que no,...tampoco tienes porqué forzar...
Saludos!

Orleans dijo...

Menud experiencia excitante!
La susi ya es todo un personaje universal,por cierto.Esa tia aparece cuando menos te lo esperas!
Eso de la talla única es porque normalmente a esos sitios suele ir gente madurita y que no está tan en forma como tú.Jajajaja.Me lo imagino como un peto.Para otro día te llevas unos tirantes y se terminó el calvario,muchaca.
Menudo repaso te pegaron...parece que quedaste satisfecha,eh?Qúé le darán de comer a ese buen hombre????Que vigoroso,rediossssss!

la eterna buscadora dijo...

¿Y no te relajaste con él? Despues de que te tocara el "parrusín" (jajaja) deberías haberle propuesto algo más allá de puros masajes...La próxima vez sin falta, ¿no?
Besos felicísimos

Kalikrates dijo...

Lo siento, yo soy chico y de la escuela clasica - fuy companero de estudios de Aristoteles e hice la mili con el rey de espadas -, asi que tengo bastante pudor para hacer comentarios al respecto

Pampanitos Verdes dijo...

pulgacroft: n hay de qué. Ya sabía yo que algun@s se me tirarían a la yugular por lo de Casablanca... ays...

orleans: unos tirantes? el tanga era tan grande que me lo podría haber enganchado a las orejas para que no se ma cayera.

eterna : ya te digo, que después de una sesión así, la despedida me pareció de lo más fría, jajaja!

kalikrates : jajaja!
Estas historias son tan viejas como el mundo...