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Propósito de año bisiesto

Dentro de 4 años espero que las siguientes palabras y expresiones hayan quedado desterradas (o al menos marginadas) de mi vocabulario:
- Siempre
- Nunca
- Me da igual
- Lo que tú quieras
- Odio

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Jungla de asfalto - pasada por agua


Por favor, que alguien me explique qué le echan a la lluvia ahí arriba, que cuando cae sobre la gente hace que se comporte de las maneras más extrañas.
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Si caminas bajo la lluvia por una acera concurrida, siempre te da la impresión de ser el único que va a contracorriente y tienes que sortear a la marabunta que viene de frente, como en un videojuego de obstáculos. Las escasas ocasiones que coincides con alguien que camina en tu mismo sentido, impepinablemente estará situado delante de tí, su velocidad será inversamente proporcional a la prisa que tengas tú y llevará un gran paraguas, dificultando así la maniobra de adelantamiento sin arriesgarte a perder un ojo o que te incruste el extremo de una varilla en la cabeza.
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Si vas sin paraguas en la lluvia, te vuelves invisible para los que sí lo llevan. Estos caminarán por los interiores de las aceras, debajo de los salientes de los tejados, no sólo impidiendo poder resguardarse a quienes van descubiertos, sino haciendo rebotar además el agua de las goteras sobre estos.
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Parte del agua proveniente tanto de las arriba mencionadas goteras como del extremo de una varilla del paraguas de tu vecino mientras esperáis a cruzar la calle, se colará por tu cogote o te caerá en un ojo.
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Los paraguas abiertos se atraen. En una acera desierta, con una anchura más que holgada, dos personas que se cruzan rozarán inevitablemente un paraguas con otro. La que camina junto a la pared verá cómo además su paraguas roza contra esta.
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Los carritos de bebé pierden su encanto y se transforman en una especie de quitanieves conducidos principalmente por madres y/o abuelas que arremeten contra todo viandante que se cruce en su camino. (Muchas entrenan con los carros de los supermercados, provocando estragos entre los tobillos de la clientela).
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Los bebés van embutidos en sus abrigos y encapsulados en el carrito, y parecen niños-burbuja, a quienes la lluvia no debe tocar una-sola-fibra de su ser (¿se convertirán en gremlins malos?). Eso sí, cuando se hacen un poco mayores y ya andan y corren, se desquitan saltando en todos los charcos que pillan.
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Los coches aumentan la velocidad (atención, conductores: no por correr más el vehículo se va a mojar menos; la carrocería ni encoge ni destiñe en contacto con la lluvia - en serio). Además se sienten irremediablemente atraídos por los charcos que se forman junto al bordillo. Y ya se sabe que: velocidad + charco = tintorería.
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La lluvia provoca amnesia a corto plazo. Entras en un establecimiento y sólo cuando sales y te mojas te das cuenta de que "huy! ya me dejaba el paraguas".
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En las zonas de costa, la lluvia y el mal tiempo ejercen de imán sobre los turistas idiotas que acuden a las rocas resbaladizas para fotografiarse justo antes de ser engullidos por una ola.
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He visto gente que se está bañando en el mar o en la piscina y sale corriendo del agua en cuanto empieza a llover. Eso sí que es un misterio...
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En fin, que a pesar de todo está muy bien que llueva. Lo que no entiendo es por qué hay tanta preocupación por la sequía, si existe una manera infalible de provocar la lluvia: basta con que una madre limpie los cristales de la casa. Ni limpiaventanas de oficinas, ni de escaparates... No; los elementos precisos deben ser una madre y los cristales de su casa. No falla.
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Aunque me queje como todo el mundo cuando llueve (entended que el agua me riza el pelo que tanto trabajo me ha costado estirar), la verdad es que en el fondo me gusta. Lo que me parece un incordio es tener que cargar con el paraguas (por eso casi nunca lo llevo) y tener que compartir la calle con la jungla de emparaguados que me echan de debajo de los salientes y me salpican con las goteras mientras evito acabar tuerta.

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El aviso

Esta mañana encontré en la cocina un aviso de recogida de una cámara digital a mi nombre. Teniendo en cuenta que la mía se estropeó y que lo he comentado con varias personas, me dejó helada pensar que alguien había tenido el grandísimo detalle de regalarme otra cámara así, por las buenas. Mientras desayunaba y contemplaba el papelito, ensayaba en mi cabeza dos discursos diferentes: uno, de agradecimiento, reproche y un nopuedoaceptarlo final, en el supuesto de que mi benefactor fuese alguna de mis amistades menos pudientes; otro de agradecimiento, reproche, un nopuedoaceptarlo y un buenosiinsistes final, en caso de tratarse de alguien con más posibilidades económicas. :-D
Un rato más tarde, mientras esperaba a que se encendiera el portátil para disponerme a indagar acerca de la procedencia de mi regalo, me puse las gafas de ver bien, releí el aviso y se me ocurrió darle la vuelta al papel.
Y allí, en letra de color y tamaño apenas perceptibles al ojo humano, venía impreso un párrafo que decía:

Este envío es una entrega promocional gratuita remitida por Promogroup Ibérica [...] Para recibir el premio deberá acudir con su pareja a una presentación comercial de aproximadamente 90 minutos el día y hora que le indique el departamento de atención telefónica. [...]

Se me quedó la misma cara de pánfila que cuando había encontrado el papel unos minutos antes. Seguidamente pasé al estado de desilusión: oooohhh... mi cámaraaa... Y para rematar me acordé encarecidamente del fundador de Promogroup Ibérica y en particular de su señora madre.

Me vino a la memoria
esta otra situación en la que también me engañaron como a una china. Si es que no hay derecho a que se aprovechen así de las debilidades del personal. ¿Qué les costaba enviarme una camarita de las tantísimas que tienen para repartir después de las charlas? ¿Qué fue de la generosidad desinteresada? ¿Qué fue del regalar por el placer de regalar?

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Negativo


Llevaba unos días verdaderamente preocupada por la posibilidad de estar embarazada. No he querido hacerme la prueba hasta esta noche; igual que un avestruz, he pensado que si la evitaba, quizás el problema desaparecería. He padecido algunos síntomas que me han puesto sobre aviso, y para más inri, durante una semana todo lo relacionado con el mundo de la maternidad me perseguía allí donde iba: embarazadas, tiendas nuevas de ropa de niños, conversaciones sobre bebés, partos...
A pesar de que a mi edad muchas mujeres deciden por fin ser madres, para mí tener un crío ahora mismo supondría un shock. Dejando a un lado el detalle de que mi instinto maternal es mínimo, mi situación personal y laboral no es la ideal para traer a nadie al mundo. (Lo cierto es que creo que el propio mundo se está poniendo cada día menos apetecible para criar a un niño). Afortunadamente, la persona con quien menos problemas tendría sería el padre de la supuesta criatura; le haría el tío más feliz de la Tierra, puesto que si por él fuese, a estas alturas al menos dos de nuestros supuestos 3 ó 4 hijos estarían en edad de hacer la Primera Comunión.

En fin... cuando no quieres estar embarazada, es muy duro enfrentarse al maldito aparatito de las rayas, que va a decidir si a partir de ese momento te va a cambiar la vida o no. Esta es la segunda vez que me alarmo seriamente ante la posibilidad de un embarazo, y, al igual que la primera, me he sentido realmente sola, sin apoyo. Sin embargo, he notado una pequeña diferencia: si mi prueba de hoy hubiera sido positiva, creo que - a pesar del disgusto inicial - lo hubiese aceptado, e incluso me hubiese alegrado con el tiempo. La primera vez que me ví obligada a utilizar un test fue hace casi una década, y estuve a punto de dar una fiesta para celebrar el resultado negativo. Esta noche me he sentido muy aliviada - pero también un poco vacía.

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Está llegando...


A pesar de que queda un mes para el cambio de estación, ya noto los signos tan familiares de la astenia primaveral. Estoy tan cansada que, si estuviera en mi mano, dormiría la mayor parte del día; pero a la vez me apetece salir y que me dé el sol. (Definitivamente la solución estaría en sestear al aire libre, verdad? :-D ). Ya tengo ganas de guardar los jerséis gruesos y los abrigos. Quiero calor, luz y buen tiempo. Espero impaciente el momento de plantar de nuevo flores en el jardín e ir cada semana a comprobar cómo van creciendo. Tengo ganas de recorrer sitios nuevos, cámara en ristre, y este año me gustaría superar al anterior en número de escapadas y fotos.
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Vuelve a atacarme la nostalgia, eso sí: mi eterno talón de Aquiles; y a pesar de que me deja un poco melancólica, acabo encontrando la manera de sobreponerme, que no es otra que aprovechar lo bueno del presente y pensar que quizás lo que esté por venir sea igual de bueno o mejor que lo que se va quedando atrás.

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Mis dos caras


Hasta hace un tiempo, dependiendo de quién fuese mi interlocutor, me comportaba como una borde a quien casi todo le molestaba, o como un felpudo sumiso de acuerdo con lo que la otra persona hiciera y dijera.
Mi yo protestón y malhumorado salía a la luz particularmente en presencia de mis familiares, esas personas a quienes uno no elige y con las que, por ese motivo, uno sabe que tiene garantías de que van a continuar a ahí, por tí... a pesar de tí.
Sin embargo, con mis amistades he sido sobre todo alguien fácil de contentar, dispuesta a seguir su ritmo y su rollo aunque no siempre estuviera a gusto con ello. La razón no era otra que el miedo a ir contracorriente y que esas personas que yo había elegido para formar parte de mi vida, me abandonasen por actuar o pensar de una manera diferente.
Sin embargo ahora, y no sin un gran esfuerzo, soy bastante más suave y comunicativa con mi familia, y cada vez me cuesta menos independizarme un poco de mis amistades y discrepar con ellos cuando lo siento así. (Supuso para mí un auténtico trago – y una actuación para aparentar naturalidad digna de un Oscar – lanzarme a decir a alguien algo tan simple como “no estoy de acuerdo” en una conversación de cierta trascendencia, en lugar de callarme, como era mi costumbre).
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La causa de fondo de ambas conductas ha sido una falta de autoestima bastante importante. Y a pesar de que por fin conozco a uno de mis demonios y sé cómo hacerle frente, lo cierto es que sigue haciendo acto de presencia ocasionalmente. No es fácil cambiar radicalmente y de la noche a la mañana una pauta de comportamiento de toda una vida. De hecho me pregunto si algún día podré considerarme una persona llena de auto-confianza, porque creo que parte de esa tendencia a no quererme tanto como debería, es algo innato en mí que se va a quedar ahí para darme quebraderos de cabeza cuando menos lo espere.

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Cometas En El Cielo (The Kite Runner)


Podría (y debería) leer más a menudo de lo que lo hago. Sólo cuando cojo un libro interesante, me reprocho no dedicar más tiempo a la lectura, con lo que me ha gustado desde que tengo uso de memoria. Me riño por perder el tiempo con otras actividades que me reportan bastante menos en muchos aspectos, pero no sé cómo, cuando me quiero dar cuenta he vuelto a abandonar la costumbre de leer un rato todos o casi todos los días.

Lo cierto es que de un tiempo para acá no he tenido término medio: o he estado temporadas sin acercarme a un libro, o me he merendado tres en una semana.

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El libro que terminé hace unos días se titula en castellano Cometas en el Cielo. Es del año 2003 y el autor se llama Khaled Hosseini. En la columna de la derecha podéis leer la sinopsis, aunque os recomendaría que no lo hiciérais. Pienso que a veces es preferible no saber de qué va la historia que te dispones a leer o a ver en una película. Casi siempre se revelan demasiados datos (¿os habéis fijado en lo largos que son ahora los trailers?), y una vez metido en la historia, estás esperando inevitablemente a que llegue la parte que sabes que va a suceder.

Así que respecto al argumento de Cometas en el Cielo, para quien no quiera leer la sinopsis, revelaré únicamente que trata de la historia de amistad entre dos chavales afganos allá por la década de los 70.

Ciertamente es uno de esos libros envolventes, que cuesta cerrar aunque sea la hora de cenar o de apagar la luz. Para mi gusto es de lo mejor que he leído en los últimos años, no sólo por la historia en sí, sino también por la manera tan clara, amena y dinámica en que está escrito. Es un libro estupendo incluso para quienes no son demasiado aficionados a leer.

En las librerías no dan abasto y probablemente haya que encargarlo. Si alguno de vosotros lee en inglés, procurad haceros con él en versión original.

Y para aquellos a quienes no os guste leer, hay buenas noticias: la película se estrenará esta primavera. Si es la mitad de buena que el libro, merecerá muchísimo la pena.

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¡Alto ahí, amigo!


Ayer no fue la primera vez que mi última nueva amistad, JM, me suelta una serie de indirectas directas insinuándose. Hasta la fecha las he ido capeando como he podido, tomándomelas a broma unas veces, recriminándole otras, o simplemente ignorándolas. Imagino que no soy la única a quien le cuesta trabajo rechazar a alguien que te cae bien, que es buena gente y se porta bien contigo. Es complicado decidir cuál es la mejor manera de abordar el tema, porque temo sonar demasiado brusca, no ser lo suficientemente diplomática. Ahora mismo me veo incapaz de decirle claramente: "No me interesa tener contigo una relación más allá de la amistad". Me resulta muy tajante y no quiero incomodarle; por eso voy esquivando sus avances. Pero sé que no voy a resistir mucho más. Sé que - si no cambia ya de actitud - un día de estos me veré obligada a hablar en serio con él.

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¿Quedamos?

Después de tantos años de constantes trayectos en metro, ha sido en esta visita a Londres cuando me he molestado en leer de cabo a rabo los periódicos gratuitos que se reparten para hacer más llevadero el trayecto, y he hecho un pequeño descubrimiento. Existe una sección, una columna, que recoge alrededor de 30 sms enviados por los usuarios del metro. En ella predominan los mensajes de este tipo:
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* "Para la guapa morena con abrigo verde que se baja en Bond Street a diario a las 8.45. Soy el tímido pelirrojo de gafas, con quien intercambias miradas. ¿Tomamos algo?"
* "Eres rubio, con barba y subiste al tren en Knightsbridge. Soy la chica alta de pelo corto que iba sentada frente a tí y no me atreví a presentarme. ¿Quedamos?"
* "Para la elegante dama que ayer me pidió perdón por haberme pisado. Es usted encantadora. No me atreví a preguntarle su nombre. ¿Le apetece que nos volvamos a ver?"
* "Para el chico de rizos que me sonríe todas las mañanas en el trayecto de Waterloo. Salúdame con la mano si no tienes pareja!"
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Si eres una de las personas aludidas en los mensajes y te apetece dar una oportunidad a quien te busca, sólo hay que ponerse en contacto con el periódico y ellos se encargan del resto. No sé de quién sería la idea original de crear una sección así, pero personalmente me ha encantado. ¿Cuántas veces hemos deseado conocer a alguien con quien nos hemos encontrado casualmente o con quien solemos coincidir, pero no encontramos el valor ni una buena excusa para hacerle saber que existimos? Con el ajetreo que reina en el metro, dudo mucho que la mayoría de esos encuentros se lleguen a producir, particularmente los que han sido casuales. Pero estoy casi segura de que bastantes de esas personas que coinciden con cierta frecuencia a la misma hora y que se conocen literalmente "de vista", habrán tenido la oportunidad de ir un poco más allá... o de salir corriendo, segun qué casos. ... :-D

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I LOVE LONDON


Hace unas horas que que he vuelto de pasar unos días en mi ciudad favorita - hasta la fecha.

Dejando a un lado el frío intenso que he pasado y que me ha dejado un poco tocada de la garganta, todo ha sido estupendo, como cada una de las numerosas ocasiones que he visitado Londres, pero ahora mismo no sabría por dónde empezar a contar las aventurillas de esta semana. Igual que cuando era una niña y mi madre me preguntaba al llegar a casa: "¿qué tal te ha ido en el cole?". Yo solía contestar con un simple "bien" y sólo al cabo de un rato y a mi propio ritmo, empezaba a contar mil cosas que me habían pasado ese día.

Así que probablemente, a lo largo de varios días, vaya dejando por aquí detalles de algunos momentos relevantes que recuerde.

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