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Rory

Érase una vez una chica jovencita que conoció a un chico irlandés y dejó a sus amigos, familia y país para irse a vivir con él. Llevaban un año juntos, cuando un buen día, estando en un pub, le llamó la atención un chico que parecía sacado del reparto de una película de vikingos: alto, de ojos claros, barba y con el cabello rubio-rojizo recogido en una coleta. A la chica siempre le había gustado ese tipo de hombres; no podía evitar observarlos, a pesar de que ella pasaba desapercibida para ellos. Pero esta vez el chico se fijó en ella; a lo largo de la noche se sorprendieron mutuamente mirándose en la distancia en varias ocasiones. Pasaron los días y ella no le dió más importancia al asunto, hasta que volvieron a coincidir. De nuevo, las miradas se sucedieron como la primera vez. Estuvieron encontrándose en aquel pub durante muchos meses, observándose siempre desde la distancia. La atracción era más que evidente; cuando se cruzaban físicamente entre la multitud del bar, se rozaban levemente a propósito. Era electrizante y la chica percibía la misma sensación en él. Al principio a ella le daba miedo que la gente se diese cuenta de lo que sucedía, pero poco a poco empezó a abstraerse en el juego de miradas mientras su novio y sus amigos se entretenían charlando. Un día ella se atrevió a decir "hola" al guapo irlandés, y a él se le iluminó la cara. Desde entonces, se saludaban así, breve y furtivamente. Parecía increíble que algo tan simple resultase tan emocionante. Con el tiempo alguien le contó, por casualidad, que el chico se llamaba Rory.
Pero un día él no apareció. Ni al siguiente, ni al otro. Pasaron los meses y la chica empezó a perder la esperanza de volver a verle. Al fin y al cabo estaban en una ciudad pequeña y conflictiva que la gente abandonaba, sobre todo, en busca de paz y de un empleo mejor. Sin embargo no podía dejar de acordarse de Rory.

Con el tiempo, la chica y su novio terminaron como pareja, pero continuaron siendo amigos.


Años más tarde, la chica se fue a pasar unos días de vacaciones en Londres acompañada de su ya ex-novio. Una tarde entraron a tomar algo en un pub; se sentaron y cuando ella levantó la vista, vió un rostro familiar; era Rory observándola. No podía creerlo. Él estaba allí, con otras dos personas, ajeno a su conversación, tan sorprendido como ella y clavándole la mirada como habían hecho durante meses, años atrás. Seguía habiendo la misma atracción. El ex-novio de la chica fue un momento al servicio y ella tuvo el impulso de levantarse e ir hacia él, pero se contuvo y buscó algo con lo que disimular su ansiedad. Al terminar las copas la chica y su ex-novio se marcharon. Al salir, ella miró a Rory por última vez, pidiéndole una señal. Él le devolvió la mirada. Ninguno se atrevió a hacer nada.

Desde entonces la chica siente un enorme remordimiento por la gran oportunidad que dejó escapar. Le encantaría localizar a Rory, pero no sabe cómo. Puede que ahora sea demasiado tarde, puede que él tenga una pareja, y su vida encauzada, pero ¿y si no es así?
Vive con la sensación de que el encuentro en Londres no fue únicamente una casualidad del azar. A veces se enfada consigo misma porque lo que debería hacer es dejar de vivir las fantasías del pasado y centrarse en el presente. Pero los remordimientos son demasiado fuertes.

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5 mensajitos al respecto:

Kalikrates dijo...

Las cosas no son como en las novelas. Haciendo esta precisión y suponiendo que el vikingo significase para ella algo mas que un tio guapísimo, yo animaría a la muchacha a que volviese a London, que creo que es una ciudad estupenda, en plan tranquilo y sin expectativas y se dejase caer por el pub del reencuentro, pues todos solemos frecuentar determinados sitios. Tal vez lo encontrase a él o alguno de sus contertulios y pudiese recuperar el contacto.
En el peor de los casos habría vuelto a recorrer London, ciudad estupenda, etc., en el mejor ...

Solo para obtener un teléfono puede resultar caro y frustrante, pero tomado como unas vacaciones puede estar bien, y si el chico lo vale y funciona, puede ser fantástico.

Aquí es donde añado que dar consejos sin tener todos los datos y sin que te afecte es muy facil, así que todo lo anteriormente dicho hay que cogerlo con pinzas.
Un abrazo

Coyote dijo...

Que sea el propio destino el que haga lo que tenga que hacer

Orleans dijo...

Ufff,me imagino la intensidad de esas miradas,de esos roces furtivos,de ese reencuentro inesperado...lo que el destino no quiso unir,que no lo junte el hombre.

Núr dijo...

¿por qué a veces dejamos escapar las oportunidades que el destino nos sirve en bandeja? aunque si ella dio el primer paso y le dijo ese «hola», él también se habría podido espavilar un poquillo en londres, ¿no?

¡me encanta como escribes! hace días que entro en tu bloc, pero hasta hoy no me atreví a escribir. saludos y sonrisas. ¡te iré siguiendo!

Ingrid dijo...

¡¡por dios que agonía!! estas historias de amor me matan. Que la chica vuelva a Londres y busque ese pub. Quizá el destino le da otra oportunidad