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La entrevista

El lunes recibí una citación del INEM para acudir a una entrevista de trabajo. Las condiciones no eran para tirar cohetes y las labores, como casi siempre, suponían saber hacer de todo en la oficina, incluyendo un alto dominio del inglés, por el escaso sueldo de 800 euros.
Por una parte llevo demasiado tiempo inactiva como para permitirme el lujo de rechazar ofertas de empleo, pero por otra continúo pensando que después de once años haciendo prácticamente lo mismo, puedo - y debo -aspirar a algo un poco mejor. Así pues, me propuse ir a la entrevista de una manera correcta pero sin "venderme", es decir, sin enfatizar en lo estupendamente bien que se me da manejar Windows y hablar en inglés, lo mucho que disfruto trabajando en equipo, o la tremenda ilusión que me haría formar parte de la plantilla de la empresa. Ni siquiera pensé demasiado en la ropa que iba a llevar a la entrevista; me puse la primera blusa que encontré y un pantalón de lino. Tampoco me preocupé de pintarme ni la raya del ojo, y con el viento que hacía, mi pelo hubiese estado un poco más presentable recogido. En fin, que más que a una entrevista, parecía que salía a cenar con alguna amiga. Iba "arreglá pero informal". Mi oscura intención era la de dar motivos al entrevistador para no aceptarme, y así esperar a que surgiera un trabajo más interesante sin peder el paro.
Cuando llegué a la oficina, me recibió la secretaria del jefe, que me hizo esperar unos minutos. No recuerdo haber estado más relajada en los momentos previos a una entrevista (¡...lo que hace la falta de ilusión...!). A continuación, me indicó que podía pasar al despacho. Allí me recibió un portento de unos 35 años, con un traje y un corte de pelo impecables. Me saludó amablemente y empezó a explicarme los entresijos del puesto a cubrir. Mientras hablaba, yo no podía dejar de pensar que era el chico más guapo que había visto en la ciudad en meses, quizás años. Alto, moreno y con ojos de color azul marino.
Quienes lleváis tiempo leyendo mi blog sabéis que
para mí no es fácil encontrar hombres que me resulten atractivos. Éste lo era, y mucho.
Y allí estaba yo, oyéndole casi sin escucharle, mirándole medio embobada y comprobando si llevaba anillos que delatasen su estado civil (esto me pasa por ver "Sexo en Nueva York"...).
¡Tengo que encontrarme con alguien así justamente en la entrevista a la que he acudido de la manera más informal y despreocupada! Pero lo más curioso es que creo que me va a ofrecer el puesto.

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5 mensajitos al respecto:

Irene Jansen dijo...

¿Por qué cuando menos te preocupas por ir arreglada es cuando te encuentras con alguien que quisieras que te viese guapa? ¿Por qué el día que vas divina no te encuentras a nadie por la calle?

Kalikrates dijo...

El nuevo trabajo, por suerte, no impide que sigas buscando otro mas de tu agrado y siempre lo puedes considerar como un periodo de provisión de fondos (escasos, pero fondos al fin y al cabo), con el aliciente añadido de poder alegrar el ojo, que no consta en la nómina ni a efectos fiscales.
Seguro que no fuiste a la entrevista con bata de boatiné y rulos, y por lo que sé, tienes tu atractivo natural, así que no es tan grave; mejor dicho, ni siquiera es pecado venial.
Suerte y un abrazo.

Rutipiti dijo...

Sí, sí, huele a nuevo trabajo... no te cierres puertas, que nunca se sabe! (jummmmm... y buena pinta ese nuevo jefe!)
Por cierto, salvo el de Agatha Christie, coincidimos en las otras tres últimas interesantes lecturas!).
Besitos

Nxo dijo...

Pues suerte para el nuevo trabajo, siempre podrás coger este e ir buscando otro a la vez.

Orleans dijo...

Nena,este post lo he leido después de enterarme que habías conseguido el curro!!tienes dotes de visionaria o una intuición de la leche!