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Mi querido lastre

Muchas veces he imaginado cómo sería mi vida sin mi perro.
Decidí adoptarlo en un momento en el que necesitaba compañía, sin pararme a pensar en las consecuencias y la enorme responsabilidad que estaba cargando sobre mis hombros.
Entró en mi vida hace casi 7 años, y en momentos como este me arrepiento de haberlo hecho, porque ha supuesto un impedimento en muchos sentidos.
Se que hay quienes han puesto su felicidad por encima de sus mascotas, deshaciéndose de ellas con mayor o menor pesar, de acuerdo con las circunstancias, pero desde un principio yo me tomé la adopción de mi perro con la misma seriedad que si hubiera sido la de un niño, en parte por mi debilidad natural hacia los animales, y también porque siento que debo apechugar con la decisión que tomé.
Tener un perro me ha impedido salir, viajar, incluso mudarme a otros lugares cuando me lo pedían el cuerpo y la mente.
A veces me lamento por las oportunidades perdidas, pero cuando no estoy con él, me preocupo constantemente preguntándome cómo estará. De vez en cuando cargo a mis padres con la responsabilidad de cuidar de él unos días mientras yo hago algún viaje corto (o no tan corto), pero el sólo hecho de pedir el favor, supone para mí un mal trago. Ellos adoran al perrito como si fuese un nieto, pero al fin y al cabo es un compromiso que no eligieron, sino que yo impongo de manera involuntaria. Por mi culpa, han pasado malos ratos a causa del perro - un sufrimiento innecesario.
Ojalá alguien me hubiese parado los pies antes de decidirme a dar este paso, pero lo hice casi a escondidas de la familia (en aquel momento vivía en otra provincia). Sin embargo, con el paso del tiempo la idea de deshacerme del animal se convirtió en algo prácticamente impensable.
Nunca ha faltado quien me aconseje regalarlo a alguien que lo vaya a cuidar y a querer, pero - como decía al principio - para mí es como pedirle a una madre que regale a su hijo. Para mi perro soy su "madre", y no importan los años que pasara lejos de mí, que siempre sufriríamos uno la falta del otro.
"Es sólo un perro", me dice la gente; "no sacrifiques tu vida, tu felicidad, por un perro". Pero yo no puedo deshacerme de él. Además ¿quién me garantiza que sacándolo de mi vida, yo encontraría la felicidad haciendo todo lo que ahora no puedo?
No estoy resentida con él; el pobre no tiene la culpa de nada. Estoy enfadada conmigo misma por haber actuado sin pensar bien lo que hacía, sin valorar los pros y los contras.
Voy a darle un buen achuchón, para que se me pase el berrinche.

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11 mensajitos al respecto:

Venus dijo...

Querida Pampanitos,

¿Qué te puedo decir? Si en algo te hace sentir menos culpable, irresponsable, inconsciente por la decisión tomada al adoptar a tu perro, te diré que... cuando decidí tener hijos tampoco me detuve a pensar en los pros y contras, aún cuando alguién me hubiese parado los pies al final los tuve.

Tengo dos hijos. En un par de meses la mayor cumplirá quince y últimamente me trae con unos dolores de cabeza qué para contar necesitaría de varios comentarios; también tengo un niño de 9 y padece retraso mental entre otras monerías.

Tal vez por este par, es que he decidido no tener mascotas; requieren tiempo, dinero, esfuerzo y dedicación. Prefiero no.

Lo que si te puedo decir es que él te será fiel hasta el último suspiro de su perruna existencia.

Un beso para ti y una sobadita para él!

Kalikrates dijo...

Creo que no hace falta ni comentar este post; lo tienes muy claro y estoy de acuerdo contigo: si lo has querido, es tu responsabilidad, no un peluche. Y una vez que está hecho, tendrá sus ataduras muchas veces pero también sus buenos momentos casi todos los días.
Otro cosa, si tus padres cuidan con gusto de él ¿por qué te preocupa tanto dejarlo con ellos? No parece que ellos lo consideren un abuso.

Kalikrates dijo...

¿Sabes por que es imprescindible que las embarcaciones lleven lastre en la quilla? para que vayan estabilizadas y no vuelquen. Si tu perro es eso, bendito sea.

Pampanitos Verdes dijo...

Espero no estar dando la impresión de que no quiero al perro. Al contrario, no soportaría que le ocurriese nada malo y le quiero muchísimo; es mi perrete. Me hace pasar muy buenos ratos a diario, y el suyo es un cariño incondicional.

El problema está en que, en su día, no elegí el mejor momento para tomar una decisión que conlleva tantas ataduras.

Mis padres se ven obligados a echarme una mano con él a diario, en primer lugar porque vivo con ellos, y en segundo lugar a causa de mi horario de trabajo. Sobre todo mi madre se queja a menudo de que se hace mayor y está cansada para sacarlo a pasear haga frío o calor. También me recuerdan mi mala cabeza cuando consulto con ellos si les importa que me vaya unos días de viaje (me voy unas 2 ó 3 veces al año, y nunca por más de una semana).
Tengo un gran cargo de conciencia, pero jamás se me ocurriría hacérselo pagar al perro.

Lo que tengo muy claro es que cuando él falte, no volveré a tener otro. Como dice mi madre, me encantan los animales: por eso no quiero tener ninguno.

Venus dijo...

No tengo esa impresión... pero igual que con los hijos, de repente necesitas un respiro, un estar sola, que no tengas deberes con ellos. La diferencia entre ellos y una mascota es que en algún momento los primeros podrán arreglárselas de un modo u otro dejando un poco la dependencia conmigo, una mascota no.

No me cabe ninguna duda de que, cualquiera que se elija serán como miel sobre hojuelas. Pero que hermosos momentos y experiencias compartimos con ellos, no?

mi correo: gris.rod@gmail.com
mi hi5: http://hi5.com/friend/profile/displayProfile.do?userid=57493647&viewAsAnother=true

:*

Venus dijo...

pd. NO serán como miel sobre hojuelas.

Ingrid dijo...

Buf! ¿y no te planteas dejar el perro en una guardería para mascotas durante tus viajes? tengo amigos que lo hacen y los perros están la mar de bien, cuando los van a buscar incluso parece que no les hayan echado de menos.
Yo quería un perro y mi pareja no, pero me di cuenta que mi novio tenía razón cuando mis suegros se fueron de viaje y nos lo dejaron casi 3 semanas. Aunque da mucha alegría dan un trabajo enorme y todo el rato estba sufriendo.
Soy d elas personas que piensan que los perros tienen que vivir en el campo a su aire. Será porqué soy d epueblo y mis perros siempre han entrado y salido de casa cuando querían.

Orleans dijo...

Entiendo perfectamente lo que planteas.Pero no te preocupes,los seres humanos tenemos ataduras y obligaciones mucho más desastrosas que el hecho de plantearte si en un momento determinado de tu vida tomaste la mejor opción.Que no te quepa la menor duda de que tu perro siempre será el lazo más dulce que puedas tener en la vida.Bendito lastre!
Has ido a darle un abrazote al enano porque te sentías mal?No,no le has criticado, no has hablado mal de él..ojalá todos los dueños fueran tan honrados como lo has sido tú con este post.
No sólo eres humana,sino maravillosa.
Besotes para ambos.

Pampanitos Verdes dijo...

Ingrid: También yo soy de las que opina que los animales deben disfrutar de la mayor libertad posible, incluidos los domésticos. Es por ello que no me gustan ver a los pájaros enjaulados y a los peces confinados a un acuario. Cuando adopté a mi perro vivía en un pueblo, y él entraba y salía con libertad. Pero un día mi vida dió un giro y tuve que volver a mi ciudad. A pesar de vivir en el asfalto, es un perro con suerte, porque tengo frente a mi ventana 3 kilómetros de zona verde junto al río, por donde corre libre durante 3horas cada día (mañana, mediodía y tarde). También lo llevamos al campo, que queda a 10 minutos en coche.
He planteado la opción de dejarlo en una guardería canina cuando me voy de viaje, pero mis padres se niegan en redondo. Piensan que donde mejor está es en casa, pero a la vez me hacen sentir culpable por cargarles con su cuidado.

Orleans: No dudo ni un momento de que mi perro es una de las mejores cosas que me han pasado, aunque no puedo evitar pensar que debí esperar a tener una vida más afianzada antes de complicármela.
Muchas gracias por el calificativo; sabes que no lo comparto, pero me hace ilusión que tengas esa percepción de mi persona.

Cara de haba dijo...

Te puedo decir que yo deseaba tener un perro desde que tenía uso de razón, y a los 17,después de muchos años de promesas,lloros y suplicas, me lo regalaron. Siempre lo quise con locura, era cariñoso y tranquilo, pero si no hubiese sido por mi madre no sé que habría hecho. Llegué a la conclusión de que salvo que vivieras en una gran casa con jardín, tener un perro debía ser una responsabilidad compartida, porque era agotador y complicado. Cuando empecé a trabajar y me trasladé de ciudad, el perro se quedó con mis padres;la opción era que se pasase el día solo en un piso, y ninguno queríamos eso. Vivió 16 espléndidos años,y lo quisimos todos con locura, pero mi madre pasó muchos trabajos y malos ratos a cuenta del perro, que se suponía era responsabilidad mía...... Skuter (así se llamaba) murió hace un año; muchas veces me he sentido tentada cuando veo algún cachorrito de llevármelo a casa pero ahora puede más el sentido común.....aunque no del todo porque desde hace 10 meses tengo dos gatitos,y aunque me paso el día con la aspiradora quitando los pelos, y mientras escribía esto Misuko (el macho travieso)se ha cargado la taza que me traje de Praga, estoy ENCANTADA de haberlos conocidos.

Pampanitos Verdes dijo...

Bienvenida Cara de haba.
Además de la soledad, una de las razones que me impulsaron a adoptar al perro, fue la idea romántica que nos intentan vender en libros y películas acerca del soltero o la soltera con perro. Gente independiente que no necesita de los demás y es feliz compartiendo su vida con un animal.
Me juego el sueldo de un año a que eso, en el 90% de los casos de la vida real, no existe. Un perro proporciona muchos de los mejores momentos de la vida de su dueño, pero en un sentido estrictamente práctico, también compromete, ata y limita a quien lo posee.