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De vuelta en el cibermundo

Tras 15 frustrantes días sin internet en casa, (únicamente lo tenía en el móvil) vuelven las aguas a su cauce. Parece mentira la cantidad de historias que tengo que organizar, actualizar, leer...  Mi portátil sufrió un formateo de emergencia, así que he perdido muchos de los enlaces que tenía almacenados. Voy a necesitar un par de días para dejar todos mis ciberasuntos en orden, y varios más para recuperar la normalidad en el mundo virtual. Es por eso que pido disculpas si aún no he pasado por alguno de los blogs. Aunque esté tiempo sin dejar comentarios, continúo leyéndolos.

Por fin he conseguido un trabajo. Va a durar únicamente la temporada navideña, pero siendo a tiempo parcial me permite continuar al acecho, caza y captura de algo más acorde con lo mío. Este trabajo es  puramente manual, algo que no he hecho en mi vida. Tengo ganas de empezar porque será una actividad totalmente nueva para mí, y porque trabajaré junto a cientos de personas en unas instalaciones inmensas. Me gusta la idea de trabajar rodeada de mucha gente, pero ya contaré si mi opinión cambia tras la experiencia.

He encontrado una organización que se dedica a asesorar y aconsejar acerca del mejor camino para conseguir empleo o para dar un giro en la trayectoria laboral, que es algo que me estoy planteando si los pasos a seguir son lo suficientemente realistas. La semana que viene tengo una cita con mi asesora, que me dirá si tengo demasiados pájaros en la cabeza o solamente los justos.

Las temperaturas continúan cayendo en picado, así que procuro aprovechar cada rayito de sol que aparece, porque sé que en breve habrá semanas enteras en las que no deje de llover. Me hace gracia ver a los meteorólogos en la tele dando la previsión del tiempo tan ricamente, en un mapa en el que sólo se ve un nubarrón inmenso que cubre las islas británicas y alrededores. Humor y resignación, supongo.  

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Y bajaron las temperaturas...

Algunas cosas han cambiado desde que me mudé a Irlanda, hace ya casi tres meses. Una de ellas es el tiempo: inusualmente templado para estas latitudes hasta hace un par de días, finalmente el otoño ha llegado con todas las de la ley, pasado (y requetepasado) por agua y con una bajada de termómetro de agárrense los machos, que dirían en la tierra de Venus. (Es el alto precio que hay que pagar por tener un paisaje verde durante todo el año).
También ha cambiado mi manera de tomarme las malas noticias en lo que al terreno laboral se refiere, así que, curiosamente, mi colección de cartas de rechazo de las empresas, aumenta de forma directamente proporcional a mis esperanzas de conseguir empleo. Creo que cada negativa me acerca un paso hacia el día en el que finalmente alguien me contrate. Suena extraño, pero es así.  Estoy convencida de que este país es una de esas "tierras prometidas", en las que, con un poco de suerte y perseverancia, es posible encontrar un rumbo...  que es exactamente lo que llevo buscando desde hace tanto tiempo.
Es una sensación que no tenía en España. Allí sentía que todas las puertas estaban cerradas, y sólo se abrían para unos pocos. Aquí me siento como una niña con la nariz pegada al escaparate de una tienda de caramelos, sabiendo que la puerta se abrirá de un momento a otro y entonces podré entrar.
Quizás también influya el hecho de verme arropada y apoyada por el Irlandés, que sabe que soy una persona válida y que mi oportunidad llegará tarde o temprano. Pero aunque ese apoyo moral es de agradecer, básicamente depende de mí el mantener la esperanza. (Curiosamente dicen que la esperanza es verde, como esta "Isla Esmeralda"... ¿será esa mi señal?)
Así que, en lugar de arrugarme y lamentarme, estoy aprovechando para hacer cosas para las que no tendré tiempo ni ocasión una vez consiga un trabajo. Y en los meses que llevo aquí, no me he sentido aburrida ni una sola vez. Como me dijo una persona muy cercana no hace mucho, "la verdad es que no te das mala vida, no".

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